Hace aproximadamente 13 años, Jesús cambió mi vida, mi forma de pensar y mi manera de ser. Todo ocurrió en una etapa muy sensible: estaba embarazada de mi tercera hija, Eyla, y atravesaba una situación que marcaría mi vida para siempre.
Aquella experiencia me llevó a tomar decisiones que transformarían mi rumbo personal y espiritual hasta el día de hoy. Porque en Dios no hay casualidades, hay propósito. Y por eso hoy quiero hablarte de Jesús.
Conmemoramos una fecha especial que nos recuerda la resurrección de Cristo. Sin embargo, más allá de la historia, puedo decir con certeza que Cristo resucitó en mí el día que lo acepté como mi único y suficiente Salvador.
Desde entonces, con altas y bajas, puedo afirmar que mi vida, mi matrimonio y mi familia han sido transformados completamente por su preciosa sangre.
Recuerdo claramente aquel momento: estaba sentada en un escritorio que mi esposo había preparado en casa. Me encontraba sacudida por el dolor y la desesperación debido a situaciones laborales que impactaron mi vida de forma drástica. No lograba entender el porqué de tanta crueldad.
En medio de ese escenario, mi esposo, profundamente preocupado por mí, me aseguró que no estaba sola. Me brindó su apoyo incondicional para tomar las decisiones que entendiera necesarias. Ese gesto de amor fue acompañado de algo que marcaría un antes y un después: me sorprendió con un CD de Lilly Goodman.
Comencé a escuchar esas alabanzas… y algo dentro de mí cambió. Una paz inexplicable empezó a llenar mi interior.
Luego, me invitó a visitar una iglesia. A partir de ese momento, comenzó un camino que, aunque ha tenido sus altas y bajas, ha estado lleno de propósito. Desde entonces, he servido a mi Señor Jesús.
Hoy puedo decirlo con convicción: Jesús resucitó en mí.
Y quiero exhortarte, a ti que quizás sientes que tu vida no vale nada, a que te des la oportunidad de conocerlo. Aceptarlo es el acto de fe más poderoso que podemos tomar, porque en Él encontramos una vida digna, una paz verdadera y una felicidad que proviene de la bendición de Dios, esa que no añade tristeza.
Cristo vive… y sigue transformando vidas.
La articulista es periodista y educadora
