DÍA 1
¿Estamos preparados para este debate? Places Therian y formación en valores
Por Wendy Carrasco, periodista y educadora
La reciente difusión en redes sociales de los llamados Places Therian en la República Dominicana ha generado inquietud en amplios sectores de la sociedad. Más allá de una tendencia pasajera, este fenómeno plantea interrogantes profundas sobre identidad, formación y valores en una nación cuya raíz cultural está profundamente vinculada al cristianismo y al respeto por la dignidad humana.
La Sagrada Escritura establece que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26-27) y que recibió autoridad sobre las demás criaturas (Génesis 1:28). Este principio no promueve dominio abusivo, sino reconocimiento de una jerarquía natural dentro del orden creado. El hombre y la mujer poseen razón, conciencia moral y dimensión espiritual, cualidades que los distinguen esencialmente del resto de los seres vivos. Negar esa diferencia implica relativizar el fundamento mismo de la dignidad humana.
La Constitución de la República Dominicana consagra en su artículo 38 la dignidad humana como fundamento del orden jurídico y del Estado. Asimismo, las normativas de protección de niños, niñas y adolescentes obligan a garantizar su desarrollo integral, físico, psicológico y moral. En este contexto, resulta legítimo cuestionar toda corriente que pueda influir en procesos identitarios aún en formación y que genere confusión en etapas sensibles del desarrollo.
Los animales merecen protección y trato ético; sin embargo, carecen de inteligencia racional, sentido moral y capacidad de discernimiento como la posee el ser humano. Promover entre jóvenes la idea de adoptar identidades no humanas no eleva su condición, sino que puede debilitar la comprensión de su propio valor intrínseco como personas.
La respuesta social no debe basarse en la burla ni en la agresión, sino en la firmeza ética y educativa. Padres, docentes y autoridades están llamados a fortalecer valores, orientar con claridad y desarrollar campañas formativas que afiancen el respeto por la naturaleza humana. El Estado tiene la responsabilidad de proteger a la niñez y la juventud frente a influencias que puedan afectar su estabilidad emocional y su autoconcepto.
Defender la dignidad humana, conforme a nuestra fe y a nuestro marco constitucional, no es un acto de intolerancia, sino un compromiso con el bienestar colectivo. La República Dominicana necesita consolidar una cultura que reafirme la identidad humana como don divino y fundamento de toda convivencia social.
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