Una reflexión desde la Psicología Clínica Cristiana
http://Por el Psicólogo Clínico Nulkin Piña Montero
En el contexto de las transformaciones culturales actuales, ha adquirido mayor visibilidad el fenómeno de personas que se identifican como therians, es decir, individuos que expresan una identificación interna con un animal no humano. Aunque esta experiencia no está reconocida como diagnóstico en los manuales clínicos internacionales, constituye un fenómeno que merece un análisis responsable desde la psicología clínica, particularmente por sus implicaciones educativas y familiares.
La identidad personal es un eje fundamental del desarrollo humano. Durante la niñez y la adolescencia se consolidan los procesos de construcción del yo, etapas caracterizadas por la exploración, la búsqueda de pertenencia y la necesidad de afirmación. En este marco, ciertas manifestaciones identitarias pueden surgir como formas de experimentación simbólica; no obstante, corresponde al profesional evaluar si dichas expresiones afectan la estabilidad emocional, la adaptación social o el rendimiento académico.
Desde la perspectiva cristiana, el ser humano es comprendido como creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26–27), fundamento que sostiene su dignidad y propósito. Esta visión antropológica aporta un marco coherente para entender la identidad humana como una realidad integral que armoniza las dimensiones biológica, psicológica y espiritual. Cuando la construcción del yo se desvincula de esta base, pueden generarse procesos de confusión o fragmentación interna.
El ámbito educativo desempeña un papel determinante en este proceso. La escuela no solo transmite conocimientos, sino que también contribuye a la formación del carácter y al fortalecimiento de la autoestima. Por ello, resulta esencial que los centros educativos promuevan una orientación psicopedagógica adecuada, fomenten el diálogo respetuoso y mantengan claridad conceptual sobre el desarrollo integral del estudiante, evitando tanto la burla como la validación irreflexiva.
La familia, como núcleo primario de formación, influye de manera decisiva en el autoconcepto. La comunicación efectiva, la presencia afectiva y el establecimiento de límites saludables constituyen factores protectores frente a posibles vulnerabilidades emocionales. Cuando estos elementos se debilitan, pueden surgir búsquedas identitarias que intenten suplir carencias afectivas o necesidades de pertenencia.
Desde la práctica clínica, la evaluación debe centrarse en criterios objetivos: la presencia de malestar psicológico significativo, deterioro funcional o conflictos persistentes en la integración de la identidad. El abordaje responsable exige equilibrio, evitando tanto la estigmatización como la aceptación automática sin un análisis profesional adecuado.
El desafío contemporáneo demanda discernimiento ético y compromiso formativo por parte de padres, educadores y profesionales de la salud mental. Más allá de las tendencias culturales emergentes, la prioridad continúa siendo el desarrollo integral del ser humano, fortaleciendo una identidad estable, realista y orientada hacia un propósito trascendente. Solo mediante un acompañamiento responsable y fundamentos sólidos será posible contribuir a una sociedad más consciente, madura y comprometida con la verdad.
Perfil Profesional del Autor
Psicólogo Clínico.
Psicólogo orientador escolar con maestría en Gestión Educativa. Su ejercicio profesional se enfoca en el acompañamiento estudiantil, la orientación familiar y el fortalecimiento de los procesos formativos en el ámbito escolar.
Desarrolla iniciativas dirigidas a la promoción de la salud emocional, la consolidación de la identidad y la mejora del clima educativo, integrando principios éticos, fundamentos cristianos y criterios técnicos propios de la gestión académica.
Correo electrónico: Nulkinpina14@gmail.com
