Fortalecer la APMAE: un compromiso con la calidad y la gestión educativa

La participación responsable de las familias, el acompañamiento técnico y el respeto a las funciones institucionales son fundamentales para fortalecer nuestras escuelas.

Por Wendy Carrasco de Arismendy
Periodista y educadora

La educación de nuestros niños, niñas y adolescentes no puede descansar únicamente sobre los hombros de los docentes y los equipos de gestión. La familia constituye el primer espacio de formación y, por tanto, su participación en la vida escolar resulta indispensable para garantizar una educación integral y de calidad.

En ese contexto, la Asociación de Padres, Madres, Tutores y Amigos de la Escuela (APMAE) representa uno de los mecanismos más importantes para fortalecer los vínculos entre la familia, la escuela y la comunidad.

Sin embargo, desde mi experiencia como educadora y en los procesos de supervisión y acompañamiento a la gestión escolar, considero necesario reflexionar sobre el funcionamiento de estas asociaciones, sus fortalezas, desafíos y oportunidades de mejora.

¿Están cumpliendo las APMAE con las responsabilidades para las cuales fueron creadas? ¿Conocen todos sus integrantes el alcance de sus funciones? ¿Estamos aprovechando verdaderamente su potencial para fortalecer la gestión educativa?

Son interrogantes que merecen respuestas y, sobre todo, acciones concretas.

Una estructura que necesita compromiso colectivo

Una de las situaciones que más llama mi atención es la distancia que, en determinados casos, existe entre la conformación formal de estas asociaciones y el cumplimiento efectivo de sus responsabilidades.

Desde mi percepción, construida a partir de experiencias y situaciones conocidas en el ejercicio educativo, considero que todavía tenemos un importante desafío para lograr que las APMAE funcionen de manera sostenida y cumplan plenamente su propósito.

Esta preocupación encuentra eco en las quejas que he conocido de integrantes de las propias asociaciones, quienes manifiestan que, en ocasiones, los compromisos terminan recayendo sobre una sola persona o sobre un grupo muy reducido de sus miembros.

Mientras algunos asumen con entrega las responsabilidades, participan en reuniones, acompañan actividades y procuran soluciones, otros mantienen una presencia prácticamente simbólica.

Esta realidad debe llamarnos a la reflexión, porque una asociación no puede funcionar adecuadamente cuando el compromiso colectivo termina convertido en una responsabilidad individual.

No obstante, sería injusto desconocer el trabajo de tantos padres, madres y tutores que, de manera voluntaria y desinteresada, dedican tiempo y esfuerzo a mejorar las condiciones educativas de sus hijos y de toda la comunidad escolar.

Su compromiso merece reconocimiento y debe servir de inspiración para quienes asumen estas responsabilidades.

La importancia del acompañamiento técnico

Otro aspecto que considero fundamental es reconocer la labor de los equipos técnicos de Participación Comunitaria y de las instancias educativas que trabajan en la orientación, conformación, seguimiento y fortalecimiento de las APMAE.

Este acompañamiento constituye una tarea esencial, pues permite que las asociaciones conozcan sus funciones, desarrollen sus capacidades y participen de manera organizada en los procesos educativos.

La calidad de la participación familiar no depende únicamente de la voluntad de sus integrantes. También requiere orientación permanente, comunicación efectiva, liderazgo institucional y mecanismos de seguimiento.

En ese sentido, es importante valorar el esfuerzo de los técnicos regionales y distritales que, desde sus respectivas responsabilidades, contribuyen a la articulación entre la escuela, la familia y la comunidad.

De igual manera, debemos reconocer los avances institucionales y las buenas prácticas que han permitido fortalecer estos organismos en numerosos centros educativos.

Sin embargo, estos logros no deben impedirnos identificar las situaciones que requieren atención y mejora.

Cuando los intereses particulares afectan la participación

Un aspecto que considero necesario abordar es el riesgo de que algunas personas procuren integrarse a las APMAE motivadas por intereses particulares, sociales o políticos que no siempre responden al verdadero propósito de estas organizaciones.

En determinadas situaciones pueden surgir aspiraciones de protagonismo personal, búsqueda de reconocimiento, intentos de obtener beneficios o pretensiones de influir en decisiones que corresponden a las autoridades educativas.

Entre los riesgos que debemos prevenir se encuentran las intervenciones indebidas en la gestión de cupos escolares, las presiones sobre los equipos directivos y la intención de asumir atribuciones administrativas ajenas a las funciones de la asociación.

Es importante distinguir entre acompañar legítimamente a las familias en sus necesidades educativas y pretender obtener privilegios o alterar los procedimientos establecidos.

La participación comunitaria y el liderazgo social son valiosos cuando se ejercen de manera transparente, ética y con vocación de servicio.

Por tanto, la APMAE debe constituir un espacio de colaboración y corresponsabilidad, nunca un instrumento para favorecer intereses particulares.

Acompañar no significa sustituir la gestión

Uno de los principales desafíos consiste en comprender los límites y las responsabilidades de la participación.

La APMAE debe ser una organización activa, propositiva y vigilante del buen funcionamiento escolar. Sin embargo, ser veedora de los procesos no significa asumir la dirección del centro educativo ni sustituir las competencias del equipo de gestión.

La Ordenanza 03-2025, que regula los organismos de participación de la familia y la comunidad en el sistema educativo preuniversitario dominicano, constituye un referente fundamental para orientar estas funciones.

Esta normativa reconoce el papel de las familias en el acompañamiento de la gestión, el cumplimiento del calendario escolar, el desarrollo curricular y el buen funcionamiento de los centros educativos.

Por ello, resulta indispensable promover relaciones basadas en el diálogo, el respeto y el conocimiento de las atribuciones de cada actor.

No podemos permitir que la participación se confunda con la imposición, ni que el interés por colaborar se transforme en una disputa de autoridad.

De igual manera, los directivos escolares deben comprender que una APMAE organizada y conocedora de sus responsabilidades no representa una amenaza para su liderazgo, sino una oportunidad para fortalecer la gestión institucional.

De la conformación a una participación efectiva

Debemos superar la idea de que integrar una APMAE consiste únicamente en convocar una asamblea, seleccionar una directiva y levantar un acta.

El verdadero trabajo comienza después.

Es necesario que las asociaciones cuenten con planes de acción, responsabilidades definidas, distribución equitativa de tareas y mecanismos de seguimiento que permitan valorar sus aportes a la comunidad educativa.

Asimismo, considero fundamental continuar fortaleciendo los procesos de formación de sus integrantes en aspectos relacionados con la normativa educativa, la convivencia escolar, la participación democrática, la resolución de conflictos y la ética en el ejercicio de sus funciones.

La APMAE no debe tener protagonismo únicamente cuando se presenta una dificultad disciplinaria, se necesita una colaboración económica o se organiza una celebración.

Su participación debe ser permanente y orientada al bienestar de los estudiantes.

Una reflexión necesaria

Desde mi perspectiva, uno de los indicadores más importantes de una gestión escolar participativa no debería ser únicamente la cantidad de APMAE conformadas, sino cuántas funcionan efectivamente, cumplen sus planes, participan responsablemente y contribuyen a solucionar las necesidades de sus comunidades educativas.

Necesitamos pasar de la formalidad documental a una participación con resultados verificables.

También necesitamos reconocer y fortalecer el trabajo de quienes, desde las asociaciones y los equipos técnicos, realizan esfuerzos sostenidos para acercar las familias a la escuela.

La escuela dominicana necesita familias comprometidas, asociaciones fortalecidas y equipos técnicos que continúen acompañando una participación responsable, ética y orientada al bienestar de nuestros estudiantes.

La crítica constructiva no pretende desconocer esos aportes, sino contribuir a que las experiencias positivas se multipliquen y las debilidades puedan superarse.

Estoy convencida de que la transformación de la escuela dominicana requiere familias comprometidas, directivos con liderazgo, docentes respaldados y organismos de participación capaces de contribuir desde el respeto a sus funciones.

Fortalecer la APMAE significa fortalecer la corresponsabilidad entre la escuela y la familia, promover una cultura de servicio y colocar el aprendizaje y el bienestar de los estudiantes por encima de cualquier interés particular.

Porque la verdadera participación no se mide por el cargo que se ocupa, la influencia que se ejerce o el reconocimiento que se obtiene, sino por el compromiso demostrado y los aportes concretos a la educación.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *