Quién fue Joseph McCarthy, el «inquisidor» anticomunista que lideró la cacería de brujas más recordada del siglo XX en EE.UU.

  • Juan Francisco Alonso
  • Role,BBC News Mundo

“¿Es o ha sido miembro del Partido Comunista?”.

Con esta pregunta Joseph Raymond McCarthy, un senador republicano poco conocido del centro de Estados Unidos, se convirtió en una figura estelar de la política de su país a principios de los años 50.

La interrogante era el centro del arsenal que el legislador empleó en su campaña para desenmascarar a los numerosos comunistas y espías soviéticos que -según él- estaban infiltrados en las universidades, en Hollywood, en la burocracia gubernamental e incluso en el ejército con el propósito de “destruir desde dentro a nuestra gran democracia”.

Sin embargo, la negativa a responder esta y las demás preguntas que McCarthy hacía a los que convocaba a su todopoderoso Subcomité de Investigaciones Permanentes se convirtió en prueba suficiente para condenar, oficial o extraoficialmente, a numerosas de personas y abrió las puertas a una era oscura que, historiadores y politólogos, han bautizado como “macartismo”. Palabra que hoy es sinónimo de represión y persecución por motivos ideológicos.

Un tránsfuga que aprovechó la oportunidad

McCarthy nació en Wisconsin, en el centro norte de EE.UU. en noviembre de 1908 en el seno de una familia humilde. De joven tuvo que abandonar la escuela para trabajar en una finca, pero retomó los estudios a los 19 años y terminó graduándose de abogado.

Su carrera pública la inició como juez en 1939 y durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en el ejército, se lee en su biografía publicada en la página web del Senado. Al concluir el conflicto bélico se lanzó a la política, primero como demócrata y luego se pasó al Partido Republicano. Y para 1946 ya era senador.

Pese a su rápido ascenso no era considerado una figura relevante de la política ni había indicios de que lo sería.

“El inicio de su carrera no fue particularmente brillante, no tenía un gran discurso ni provenía de un estado relevante (…) Sin embargo, aprovechó el clima de histeria y paranoia colectiva reinante en EE.UU. a principios de los años 50 para hacerse un nombre”, explicó a BBC Mundo, Francisco Soto, profesor de Historia de EE.UU. de la Universidad de Los Andes (Venezuela).

Para 1949 dos sucesos pusieron en duda la aureola de imbatibilidad con la que los estadounidenses emergieron tras la Segunda Guerra Mundial: La noticia, en agosto, de que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) tenía armas nucleares y la victoria, en octubre, de los comunistas de Mao Tse Tung en China.

“¿Cómo el país más poderoso estaba perdiendo la Guerra Fría? Políticos, empresarios y periodistas de derecha atribuyeron estos inexplicables fracasos a una conspiración orquestada por el Partido Comunista de EE.UU., el cual seguía órdenes de la URSS”, afirmó la historiadora Ellen Schrecker, coautora del libro “The Age of McCarthyism” (La era del macartismo).

En este contexto, en febrero de 1950 McCarthy saltó a las primeras páginas de los diarios, gracias a un discurso que dio en un mitin en una pequeña localidad del estado nororiental de West Virginia.

“Aunque no puedo tomarme el tiempo para nombrar a todos los hombres dentro del Departamento de Estado que han sido señalados como miembros del Partido Comunista y de una red de espionaje, puedo decir que tengo en mi mano tengo una lista con 205 nombres”, declaró mientras sostenía en una de sus manos una hoja de papel.

Mao desde el balcón de la ciudad prohibida de Beijing.

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Pie de foto,«¿Quién perdió a China?». Esta pregunta de McCarthy pronto se convirtió en una acusación contra la burocracia estadounidense.

Una mentira dicha mil veces

Con el paso del tiempo los investigadores no han encontrado evidencias de que la famosa lista de McCarthy existiera.

“Era un político oportunista, muy ambicioso e inescrupuloso al que no le importaba la verdad”, dijo a BBC Mundo la historiadora.

Sin embargo, esta denuncia y otras similares que realizó posteriormente le permitieron al senador ganar popularidad y presidir un subcomité parlamentario que buscaría desenmascarar a los supuestos espías soviéticos y comunistas infiltrados en el país.

Esta nueva instancia se sumó al controvertido Comité de Actividades Antiestadounidenses que desde finales de los años 30 venía persiguiendo a académicos, a escritores y a estrellas de Hollywood por sus supuestas simpatías con las ideas de Carlos Marx y de Vladimir Lenin.

El macartismo, entendido como la cacería de brujas anticomunista, tipo Inquisición española, dentro de EE.UU., estaba en marcha antes que McCarthy apareciera, pero se reforzó con él”, agregó Schrecker.

Durante el gobierno del demócrata Harry Truman (1945-1953) se celebraron audiencias en el Congreso contra presuntos espías, además se puso en marcha el “programa de lealtad”, que incluía investigaciones e interrogatorios a los funcionarios públicos que eran sospechosos de ser comunistas.

Una audiencia del comité que presidió McCarthy en 1953

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Pie de foto,Diplomáticos, funcionarios de la Voz de América y militares fueron el blanco de los ataques de McCarthy.

Los grandes aliados

Además del contexto internacional factores internos contribuyeron al ascenso de McCarthy. Los medios de comunicación fueron uno de esos elementos.

La masificación de la televisión le permitió al político difundir su mensaje anticomunista y sobre todo el temor de un posible ataque soviético hacia EE.UU”, afirmó el profesor Soto.

En similares términos se pronunció Schrecker, quien aseveró que McCarthy sabía cómo “jugar con los periodistas”.

“Sabía las horas de cierre de los diarios y que tenía que anunciar en la tarde que había descubierto 20 espías dentro del ejército o realizar otras declaraciones escandalosas, porque así los periodistas no tendrían tiempo de verificar las informaciones y descubrir que mentía”, precisó.

Por su parte, el historiador de la Universidad Complutense de Madrid, Luis Martínez del Campo, atribuyó la notoriedad comunicacional de McCarthy a su uso de la demagogia.

“No dudó en recurrir a falsedades o teorías conspirativas y al señalamiento público de sus oponentes, para en otras cosas, menoscabar el pluralismo político”, dijo.

Y, por ello, el también investigador de Historia Contemporánea calificó a McCarthy como “un pionero del populismo de derecha”.

Una mujer ve una de las audiencias de McCarthy en TV

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Pie de foto,McCarthy comprendió rápido la importancia que ejercían los medios de comunicación y se aprovechó de ellos para difundir sus teorías conspirativas.

El otro elemento en la ecuación que favoreció al senador fue una persona: J. Edgar Hoover, el director del FBI (la policía de investigación estadounidense) y quien era un furibundo anticomunista.

“Hoover jugó el rol más importante en el ascenso y consolidación del macartismo. Si hubiéramos querido nombrar este fenómeno con el nombre de alguien debería haber sido con el de Hoover”, aseveró Schrecker.

El jefe policial se hizo famoso por ordenar el seguimiento y espionaje de personas influyentes, muchas veces sin orden judicial; y por usar la información recabada para extorsionar a alguno de sus objetivos.

El FBI buscó cualquier indicio de comunismo en las instituciones, en las universidades y en el cine. Los expedientes que hizo el FBI tanto de Albert Einstein como de Charles Chaplin dan cuenta de esto. Fueron investigaciones que buscaban vincular a estas figuras prominentes con el comunismo”, agregó Soto.

Soldados marchan en el Kremlin donde onde la bandera de la URSS

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Pie de foto,Aunque el Kremlin había logrado tener espías dentro del gobierno y el ejército de EE.UU. jamás supuso un riesgo real para el sistema de ese país, aseguran expertos.

¿Un peligro real o una excusa?

“Un comunista dentro de una fábrica de equipos militares, dentro de una universidad o dentro del Departamento de Estado es demasiado”.

Con estas palabras, pronunciadas en 1952, McCarthy dejó en claro su convencimiento de la gravedad de la amenaza comunista. ¿Pero qué tan serio era el riesgo?

Casos como el del matrimonio Rosenberg, ejecutado en 1953 por pasar secretos nucleares a la URSS, demuestran que el Kremlin tenía ojos y oídos dentro de EE.UU. Sin embargo, los expertos consultados por la BBC Mundo aseguran que el peligro fue sobredimensionado.

“En el caso de EE.UU. el Partido Comunista estaba integrado por intelectuales y pensadores que criticaban el modelo económico y social, pero en verdad no buscaban el poder”, precisó Soto.

Por su parte, Martínez del Campo aseveró: “Nada apunta a que hubiera una gran conspiración para derrocar al gobierno”.

Los expertos también coincidieron en señalar que las investigaciones y audiencias de McCarthy no sirvieron para develar a un solo espía soviético ni tampoco para identificar a algún comunista estadounidense hubiera conspirado en contra de su país. No obstante, sí consiguieron otros objetivos.

El macartismo fue una purga que destruyó a la izquierda estadounidense y golpeó a las organizaciones estuvieron afiliadas o asociadas con causas defendidas por el comunismo, tales como los sindicatos o grupos que promovían los derechos civiles (contra la discriminación racial)”, sentenció Schrecker.

Mujeres comunistas estadounidenses marcharon en Nueva York

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Pie de foto,El Partido Comunista de EE.UU. llegó a tener 75.000 afiliados en su mejor momento, pero al final de la II Guerra Mundial perdió mucha fuerza.

Con el ejército hemos topado

No presentarse al subcomité presidido por McCarthy o al de Actividades Antiestadounidenses o negarse a responder a sus preguntas era sinónimo de culpabilidad. Y, por lo tanto, quienes optaron por el silencio fueron despedidos y en algunos casos encarcelados.

La profesora Schrecker calcula que hasta 1957 entre 12.000 y 15.000 estadounidenses sufrieron algún tipo de persecución por sus ideas.

¿Cómo pudo pasar esto? ¿Cómo un abogado violó los principios básicos del Derecho como la presunción de inocencia y el debido proceso y por qué nadie lo frenó? “Se dijo que la amenaza de la URSS era tan seria que se debían ignorar o torcer algunos de los principios del Estado de Derecho”, explicó la historiadora.

Lo que hizo al macartismo tan poderoso y distinto a otras persecuciones políticas en países más autoritarios es que hubo poca violencia, solamente dos personas murieron (el matrimonio Rosenberg)», dijo la experta.

«La sanción principal por ser comunista era económica: las personas eran despedidas de sus trabajos y se les obstaculizaba conseguir otros empleos”, puntualizó.

La posibilidad de ser acusado de comunista o de traidor por el senador hizo que muchos de quienes pudieran enfrentarlo no lo hicieran, incluidos presidentes como Dwight Eisenhower (1953-1961).

“No me meteré en la cuneta con ese tipo”, le replicó el mandatario a alguien que una vez lo instó a poner en su sitio al polémico senador, se lee en una carta disponible en Biblioteca Presidencial Eisenhower.

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