|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
COLUMNA INVITADA Lecturas del proceso Por Julio Martínez Pozo El autor es periodista. viernes 5 de diciembre de 2008 Primera lectura de los resultados de las elecciones presidenciales de este 16 de mayo: el bipartidismo se ha restaurado en la República Dominicana. Coyunturalmente quebrado por el único líder político que se ha consentido la licencia de abandonar una organización mayoritaria y crear otra que también se constituiría en mayoritaria, el bipartidismo que caracterizó nuestro desempeño desde los primeros años de la República, había cedido paso a un esquema de tres fuerzas que resultaban esenciales para las grandes decisiones, pero ha regresado de forma implacable. El ejemplo más patético, lo esbozaba Álvaro Arvelo, en un análisis al día siguiente de la votación, en El Gobierno de la Mañana: dos partidos han concentrado el 94% de los votos. Y que no me digan que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), el ganador de la contienda, alcanzó apenas el 44% y que sus aliados les procuraron el 9%, que le ha dado triunfo en primera vuelta, porque sin menospreciar el aporte de los aliados, todo el que votó por el presidente Fernández, iba a sufragar por él, aunque estuviese en una sola casilla. La mayoría de los votos aliados son votos de clara simpatía por el candidato, pero que procuran mecanismos de intermediación menos competitivos a la hora de reclamar la compensación por el servicio, y muchas veces son votantes del partido principal a los que se les persuade a votar en otras casillas sobre el argumento de que es la misma causa. Pocos partidos como la Fuerza Nacional Progresistas, han creado una identidad temática que arrastra a electores a respaldarla por su propia identidad, o como el caso del Partido de los Trabajadores Dominicanos, de una tradición vinculada a las luchas sociales. Ninguno de esos partidos que en sumatoria pueden redondear el 10%, hubiesen pasado del 0, y algo de los votos si no se nutrieran de la propia simpatía del candidato que apoyan, y la prueba más elocuente es la suerte candidatos como Guillermo Moreno, Eduardo Estrella, Pedro Candelier y Trajano Santana, en cambio si cualquiera de ellos hubiese respaldado a Leonel o Miguel, hubiesen multiplicado sus votaciones. En consecuencia ese 53% es esencialmente la sumatoria de PLD más la esfera de simpatía de su candidato, como es del PRD más la simpatía de su candidato el 41%, alcanzado en las votaciones. De manera que hemos quedado con un panorama político dominicano por dos partidos. La segunda lectura, ya la había abordado en "Las claves del proceso", en mi columna anterior: la fortaleza del candidato Leonel Fernández, que sorteando vicisitudes que lo pudieron conducir al descalabro, cruzó la meta marcando una victoria inconfundible. Fue correcta su estrategia de procurar en el mercado de simpatía reformista los votos necesarios para producir un desenlace de primera vuelta, cosa que no hubiese sido posible sin menguar el respaldo a esa organización, que con tan sólo haber alcanzado un 8%, nos habría remitido a una segunda vuelta. El descalabro, aparentemente irreversible del reformismo, es una de las notas tristes de la contienda. La tercera lectura muestra el fortalecimiento indiscutido del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), que pese a sus caóticas administraciones gubernamentales, se ha reconciliado con un porcentaje de votación que una vez le perteneció: el de 40% o más, lo que convierte en una fuerza determinante y privilegiadamente posesionada para procesos posteriores. La cuarta lectura es que si bien es cierto que al ingeniero Miguel Vargas, le ha tocado la derrota, como candidato tiene logros que reivindicar, entre ellos el de alcanzar un desempeño muy superior al que le atribuyeron la mayoría de las encuestas, recibir un PRD desperdigado y muy dividido y haberlo devuelto unido y fortalecido. La quinta es que por las palabras del candidato ganador, está muy claro que ha asimilado el significado de todos los porcentajes de este proceso, los suyos, que son muy satisfactorios, y los de los adversarios, que sumados para fines de representación proyectan una sociedad dividida en dos partes, en la que una sabe que tiene que procurar algún nivel de concierto con la otra porque de lo contrario se afecta la gobernabilidad. La sexta que debe ser la primera, es la de un pueblo que se expresó en las urnas, con la seguridad de que lo que decidiera sería respetado y garantizado por una Junta Central Electoral que mereció la confianza de todos los actores del proceso. 24horas.com.do
|
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

